viernes, marzo 24, 2017

Las dos caras de Reto Burrell



Siento cierta debilidad por Reto Burrell. Desde que lo conocí siempre me ha hecho gracia eso de que un tipo suizo que suene tremendamente americano. Y aunque desde sus inicios ha tenido cierta inclinación por parecerse a algunos tótems del rock yanqui como John Hiatt, John Mellencamp o Tom Petty, nunca se lo he tenido en cuenta. Esta vez, creo, se pasa de la raya. Y en canciones como «Chasing the Wild» llegas incluso a dudar de si el que estás oyendo no es el mismísimo rubio de Gainesville ¿Es eso un problema? Pues tampoco, oigan. Al menos no para mí. Porque conozco a Burrell y sé que lo hace desde el tributo, no desde el ánimo de copia. Y además ¡qué narices! lo hace muy bien. Por algo lleva ya veinte años de carretera y firma con este su noveno disco. Un trabajo que, como los vinilos, tiene dos caras. La A protagonizada por siete temas eléctricos y la B por el mismo número de canciones acústicas. Y es en esta segunda parte donde las comparaciones desparecen y el suizo, directamente se sale con temas del calibre de «Gladiators of Society», «Three Monkeys» o ese baladón que es «When It Comes To Town Tonight». No inventa nada, pero para eso ya están otros. Él a lo suyo. Y que dure.

Publicado en www.ruta66.es

Sonando: Chasing the Wild de Reto Burrell

jueves, marzo 23, 2017

Political World XVII: Black Man in a White World - Michael Kiwanuka



He sido comercializado como un cantante negro de soul, y tal vez es lo que soy, pero no me siento así. Yo estaba más acostumbrado a la clase media blanca inglesa. El hecho de que ningún negro viniera a mis conciertos me hizo pensar que igual estábamos más segregados de lo que creíamos, incluso en el tipo de música que escuchamos”. Estas declaraciones que Michael Kiwanuka hacía en mayo de 2016 para una revista británica explican la razón de nuestra canción política de hoy, «Black Man in a White World» incluida en su disco del año pasado, Love & Hate.

“Soy un hombre negro en un mundo blanco” es el mantra que repite la canción sobre unas palmas que acompañan todo el tema. “Estoy enamorado pero sigo triste / he encontrado la paz pero no estoy contento”. Casi nada.  Supongo que es una declaración”, dice este cantante que creció en Muswell Hill, al norte de Londres. Hijo de inmigrantes que huían del régimen de Idi Amin, en Uganda, se educó en una estable clase media. Pudo estudiar en un buen colegio y no le faltó de nada. Pero eso no ha evitado que se diera cuenta de que todo no es tan fácil para muchos de los de su raza. “Todo entró en mi cabeza en la adolescencia. Nos encontramos en una sociedad blanca europea y yo estoy en medio de ello”. Por eso no se corta en cantar “no me importa quién soy/no me importa quién seas”. Un claro posicionamiento político del que muchos consideran sucesor de Marvin Gaye.

Sonando: Black Man in a White World de Michael Kiwanuka


miércoles, marzo 22, 2017

Rodney Crowell - It Ain't Over Yet



Hay canciones maravillosas cuya única razón para ser definidas así es que son bonitas. Muy bonitas. Y en el nuevo disco de Rodney Crowell, Close Ties, hay unas cuantas de esas, aunque este «It Ain’t Over Yet» destaca por encima del resto. Y eso que yo no soy muy amigo de esos temas en los que tiras de colaboraciones para convertir la canción en un single. Pero aquí las intervenciones de John Paul White y Rosanne Cash son simplemente espléndidas. No ya adecuadas, sino insuperables.

«It Ain’t Over Yet» es una canción magnífica desde su inicio, con una estrofa melódicamente perfecta de la que solo esperas que no se arruine con un estribillo que no esté a la altura. Pero es que este es todavía mejor. Con un White cantando como nunca. Solo falta la intervención estelar de Cash en el puente y en el último estribillo para hacerla perfecta. Y más aún si tenemos en cuenta la letra. Recordemos que Cash y Crowell estuvieron casados 13 años y que su separación fue algo dura, con ambos echándose cosas en cara a través de discos. Aquí aparecen unidos en una letra que habla de cómo los sentimientos más duros, aquellos más implacables, se suavizan con el paso del tiempo y acaban aflorando los más fuertes que parecían guardados en tu interior. Con frases memorables. “Mi corazón, o lo que queda de él está en el lugar correcto” dice Crowell para sentenciar “No hace tanto tiempo que ambos estuvimos colgados juntos. Todavía no ha terminado, puedes firmar mis palabras. No me importa lo que creas que oíste, todavía estamos aprendiendo a volar. Aún no ha terminado”. Una auténtica carta de amor a su ex mujer profundamente intensa. “Me haces reír, me haces llorar, me haces olvidarme”. Estremecedora.

¿Y White? La mitad de Civil Wars está perfecto. Su voz, mucho más juvenil que la de Crwoell, como es lógico, aporta ese contrapunto necesario y evoca a un Crowell más joven, al que traicionó esa juventud pero que hoy se da cuenta de sus errores y los reconoce ante la mujer que amó. Magnífico a todas luces.

Sonando: It Ain’t Over Yet de Rodney Crowell


martes, marzo 21, 2017

Dale & Ray, dos monstruos frente a frente

La posibilidad de disfrutar de uno de mis cantantes de country favoritos junto al líder de los míticos Asleep At The Wheel era algo que me excitaba desde que conocí el inicio de la grabación de este disco. Lo mejor de todo es que, en el caso que nos ocupa, las dichosas expectativas no me han perjudicado porque Dale Watson y Ray Benson se han marcado un álbum espléndido. El primero, líder del movimiento Ameripolitan y el segundo uno de los grandes del western swing, estaban destinados a cruzarse viviendo ambos en Austin. Y la cosa, sí o sí, debía funcionar. Lo hace gracias a canciones magníficas como ese «Feelin’ Haggard» que evidentemente homenajea a su desparecido amigo Merle o con otro tributo, en este caso a Buck Owens, en la enorme «Cryin’ for Cryin’ Time Again». Tiran de humor, uno de los grandes protagonistas de las letras del disco, en «Bus’ Breakdown» y se ponen más serios en «Nobody’s Ever Down in Texas». Además complementan los temas escritos para la ocasión con dos excelentes versiones de «I Wish You Knew» de The Louvin Brothers y «Write Your Own Songs» de un Willie Nelson, últimamente, en continuo estado de reivindicación. Y lo bordan. Porque son dos leyendas reunidas para pasarlo bien y de paso hacer un buen disco, y eso se nota. Imprescindible para los amantes del género, vaya.

Publicado en Ruta 66.

Sonando: Nobody’s Ever Down in Texas de Dale Watson & Ray Benson

lunes, marzo 20, 2017

Chuck




La pregunta era constante. Iban cayendo los mitos pero los tres padres del rock and roll seguían ahí ¿Cómo se explicaba eso con la edad y sobre todo la vida que atesoraban? Jerry Lee Lewis, Little Richard y Chuck Berry parecían inmortales (y en cierto modo lo son). Pero el último este fin de semana nos ha sacado de esa ilusión de que no iba a morir nunca. Ese cabronazo contrastado que era Charles Edward Anderson Berry fallecía en su casa de Missouri y con él se moría, al menos, un cachito del rock and roll.

Hace solo unos días hablaba con mi buen amigo Agustí Burriel sobre Berry. Había salido en la conversación a colación de la revisión que hacen en directo Cactus Blossoms de su «Brown Eyed Handsome Man». No pude evitar preguntarle algo de lo que me gusta charlar con los amantes del rock and roll clásico ¿Qué opinas de eso de que el verdadero rey del rock and roll no era Elvis sino Chuck? Con una sonrisa, Agustí lo tuvo claro. “Mira, el rey del rock and roll es y será Elvis, eso es indiscutible. Pero es que Chuck es el rock and roll”. No se puede explicar mejor. Tacaño, malcarado, maleducado….Todo eso y mucho más era Chuck. Un tipo con el que merecía la pena no cruzarse nunca. Porque era capaz de ser de lo más desagradable. Pero afortunadamente muchos supimos separar a la persona del artista. Darnos cuenta de que la música del siglo XX nunca hubiera sido igual si Chuck no hubiera existido. Esencial a todas luces. Brillante, no solo en lo musical, sino también en lo lírico. No son pocos los que defienden a Berry como el gran letrista del rock and roll junto a Dylan. Y no es descabellado. Su escritura es diferente, claro. Menos críptica, pero desde su estilo igual de brillante. Pocos son capaces de recibir elogios unánimes de gente como el propio Dylan, The Beatles, The Rolling Stones, Bruce Springsteen, AC/DC y un sinfín de nombres. Quizá, para eso, has de ser un genio.  Como Chuck. Por eso es imposible plantearse si el rock and roll se muere definitivamente con él. Aunque creo que la respuesta debe ser rotundamente negativa. Porque él edificó algo firme, con unos buenos cimientos. Algo tan intenso, impactante y rotundo que hace imposible pensar que la llama se pueda apagar. Porque gracias a esos riffs, a esa actitud, y a esas letras, Chuck ha garantizado que vengan otros detrás. No como él. Porque eso es imposible, pero sí admiradores y alumnos que honoren su legado. Larga vida al rock and roll. Larga vida a Chuck Berry.

Sonando: Dear dad de Chuck Berry